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Y presencial en EspañaJunio, 10 del 2024, última actualización
Hay una etapa en la vida en la que el cuerpo cambia. No porque se rompa, no porque envejezca. Cambia porque entra en otra frecuencia: más sabia, más íntima, más auténtica. Sin embargo, muchas veces ese cambio se vive con miedo, con síntomas incómodos y con soluciones que no siempre respetan lo que de verdad necesitamos.
La terapia hormonal sustitutiva ha sido durante años la respuesta estándar. Pero, ¿es realmente la única? ¿O simplemente hemos aprendido a silenciar el cuerpo en lugar de escucharlo?
En este artículo quiero hablarte sin filtros. No desde la teoría, sino desde la experiencia que muchas mujeres compartimos. Y también desde una propuesta más suave, más consciente: acompañar a tu cuerpo en lugar de forzarlo. Porque sí, hay alternativas.
La terapia hormonal sustitutiva (THS) se ha convertido en una de las opciones más populares para tratar los síntomas de la menopausia. Sin embargo, hoy en día muchas mujeres buscan alternativas más seguras, conscientes de los riesgos que pueden implicar ciertas terapias hormonales. En este artículo te explico con claridad en qué consiste la menopausia, por qué los tratamientos naturales están ganando fuerza, y cómo puedes acompañar este proceso con un enfoque más respetuoso con tu cuerpo.
Para comprender mejor el proceso de cambio hormonal que atraviesa el cuerpo femenino, vamos a explorar sus tres grandes etapas.
La premenopausia es la etapa en la que comienzan a producirse los primeros cambios hormonales, generalmente a partir de los 35 o 40 años. En esta fase, los niveles de progesterona empiezan a disminuir debido a ovulaciones menos frecuentes. Aunque los ciclos menstruales pueden seguir siendo regulares, suelen aparecer síntomas como irritabilidad, ansiedad, bajadas de energía, insomnio o cambios en el estado de ánimo.
La perimenopausia es el periodo de transición entre la premenopausia y la menopausia. Suele iniciarse entre los 40 y 50 años. Es en esta etapa cuando los ciclos menstruales se vuelven irregulares, se acentúan síntomas como sofocos, sudores nocturnos y sensibilidad emocional, y comienzan a disminuir de manera más notable los niveles de estradiol. Muchas mujeres también notan dificultad para concentrarse, palpitaciones, cambios en la piel o disminución de la líbido.
La menopausia como tal se confirma cuando han pasado 12 meses consecutivos sin menstruación. Suele producirse entre los 45 y 55 años. En esta etapa, los ovarios dejan de producir estradiol de forma significativa, y los síntomas pueden intensificarse: sequedad vaginal, insomnio, acumulación de grasa abdominal, pérdida de densidad ósea, alteraciones en el estado de ánimo y pérdida de firmeza en la piel y los tejidos.
Ahora que conocemos las etapas de la menopausia, es importante entender a qué edades suelen presentarse estos cambios y qué sucede cuando ocurren de forma anticipada.
Aunque solemos asociar la menopausia con mujeres de entre 45 y 55 años, la verdad es que no existe una regla fija. Cada cuerpo tiene su propio reloj interno, influenciado por la genética, el estilo de vida, la salud metabólica e incluso por factores emocionales o ambientales. La menopausia no es un evento súbito: es un proceso que empieza años antes, de manera casi silenciosa, mucho antes de que se detengan por completo los ciclos menstruales. Por eso, escuchar al cuerpo antes de que los síntomas se hagan demasiado visibles es una de las mejores formas de acompañar este cambio natural.
La menopausia precoz ocurre cuando la función ovárica cesa antes de los 40 años. Esta interrupción temprana puede aparecer de forma espontánea o estar relacionada con causas como alteraciones autoinmunes, genética, tratamientos médicos agresivos (como quimioterapia o radioterapia), cirugías ováricas o, en ocasiones, sin una causa aparente. También el estrés crónico, los problemas metabólicos o ciertas infecciones pueden desempeñar un papel silencioso en este desequilibrio.
La aparición inesperada de la menopausia precoz suele traer consigo un impacto emocional profundo: sensación de pérdida, duelo por la fertilidad, miedo al envejecimiento prematuro. Todo esto requiere ser mirado y acompañado con sensibilidad. No se trata solo de los síntomas físicos, sino también de sostener el espacio emocional que se abre en este nuevo capítulo. La buena noticia es que, aunque el cuerpo cambie, tu esencia, tu vitalidad y tu capacidad de transformación siguen intactas.
La menopausia no llega de un día para otro. Se va anunciando poco a poco, a través de señales que a veces el cuerpo susurra y otras veces grita. Entender estos síntomas no solo nos ayuda a acompañar mejor el cambio, sino también a vivirlo desde un lugar de mayor respeto y autoconocimiento.
Cada mujer es única, y cada etapa trae consigo manifestaciones físicas, emocionales y energéticas diferentes. Reconocerlas es el primer paso para vivir esta transición de forma más consciente.
Cuando la menopausia llega antes de los 40 años, su impacto suele ser más brusco, tanto en el cuerpo como en el corazón. Además de los síntomas físicos habituales, suele aparecer un fuerte componente emocional debido a la sensación de que "algo ha terminado antes de tiempo". Los síntomas más frecuentes incluyen:
El apoyo emocional y una mirada respetuosa hacia este proceso son fundamentales para atravesarlo de manera más serena y fortalecida.
Durante la premenopausia, los cambios son más sutiles, casi como una música de fondo que solo las más atentas perciben. No se trata aún de un cambio radical, sino de pequeñas señales que indican que algo dentro está empezando a transformarse:
Estos síntomas iniciales son la forma en que el cuerpo nos invita a prestarle atención y a acompañarlo con más amabilidad.
Una vez que la menopausia se confirma (tras 12 meses consecutivos sin menstruación), los síntomas suelen ser más evidentes y pueden afectar diferentes aspectos de la salud y del bienestar diario. Los más habituales incluyen:
Aunque estos cambios pueden parecer abrumadores, también son una oportunidad para reconectar contigo misma y replantear el cuidado que das a tu cuerpo, a tu mente y a tu corazón.
Frente a estos cambios, muchas mujeres buscan formas de aliviar los síntomas. Una de las opciones más conocidas es la terapia hormonal sustitutiva.
Durante mucho tiempo, la terapia hormonal sustitutiva (THS) fue presentada como la solución casi obligatoria para la menopausia. Administrar estrógenos —a veces combinados con progestinas— parecía el camino natural para compensar la caída hormonal. Y aunque para algunas mujeres ha supuesto alivio temporal, hoy sabemos que no es una decisión tan simple ni tan inocua.
La THS puede ser muy efectiva para reducir síntomas como los sofocos, la sequedad vaginal o la pérdida de densidad ósea. Sin embargo, también puede alterar el equilibrio natural del cuerpo y traer consigo riesgos importantes que conviene conocer antes de decidir.
Diversos estudios han demostrado que el uso de hormonas sintéticas puede aumentar el riesgo de desarrollar cáncer, especialmente de mama. Un estudio publicado en The BMJ reveló que las mujeres que toman terapia combinada de estrógenos y progestinas durante más de 5 años tienen un riesgo significativamente mayor de cáncer de mama. Además, el riesgo varía según el tipo de progestina: fue mayor con la norethisterona y menor con la didrogesterona. Incluso la terapia con estrógeno solo mostró un riesgo elevado, aunque menor que la combinada [1].
Este aumento del riesgo puede estar relacionado con el hecho de que, a ciertas edades, el sistema inmune pierde eficiencia y se vuelve menos capaz de eliminar células potencialmente cancerosas. En este contexto, introducir hormonas de forma artificial podría descompensar aún más ese equilibrio delicado. Además, muchas mujeres no eliminan bien estas hormonas, y su hígado o microbiota no logran procesarlas adecuadamente.
Frente a los riesgos de la terapia hormonal sintética, cada vez más mujeres buscan acompañar su menopausia de una forma más respetuosa, escuchando el lenguaje sutil del cuerpo en lugar de silenciarlo. La buena noticia es que existe un camino más natural, que no impone, sino que guía: cuidar la inflamación de fondo, sostener la función hepática, calmar el sistema nervioso y apoyar suavemente la producción natural de hormonas.
Aunque la ovulación y los ovarios han sido la fuente principal de estrógenos durante la vida fértil, el cuerpo guarda otras vías silenciosas pero valiosas para seguir produciendo estas hormonas, incluso el estradiol, el más potente de todos. Las glándulas suprarrenales, la grasa corporal, el cerebro y otros tejidos periféricos continúan fabricando pequeñas cantidades de estrógenos, permitiendo que el cuerpo conserve su vitalidad, su fuerza y su capacidad de adaptación mucho más allá de la última menstruación.
El objetivo no es "forzar" al cuerpo a ser como antes, sino ayudarle a encontrar su nuevo equilibrio, utilizando los recursos que aún conserva y apoyándolo con herramientas naturales, desde dentro hacia afuera.
Los sofocos son uno de los síntomas más comunes y, a menudo, uno de los más incómodos. Desde un enfoque natural, no se trata solo de "apagar el fuego" de forma inmediata, sino de entender por qué el sistema nervioso autónomo está reaccionando así. A través de un enfoque natural personalizado, se pueden reducir significativamente al equilibrar el sistema nervioso autónomo, modular los receptores estrogénicos y reducir la inflamación de fondo.
Un pilar fundamental en este proceso son los fitoestrógenos: compuestos vegetales que se parecen a los estrógenos humanos, pero con una acción mucho más suave y equilibrante. Estos fitoestrógenos se unen de forma inteligente a los receptores de estrógeno que han quedado vacíos, reduciendo síntomas como los sofocos, pero sin disparar los niveles hormonales reales en sangre.
Gracias a esta acción moduladora, los fitoestrógenos no solo alivian el malestar, sino que incluso pueden proteger frente al riesgo de desarrollar ciertos tipos de cáncer dependientes de hormonas, al impedir que estrógenos más agresivos se adhieran a los receptores celulares.
Pero no existe una solución única. En algunos casos, el cuerpo necesita apoyo para producir más DHEA o mejorar su conversión en estrógenos. En otros, el enfoque debe centrarse en la detoxificación hepática o en calmar el sistema nervioso. Por eso, lo ideal es realizar un acompañamiento personalizado y evaluar qué necesita cada cuerpo en esta etapa.
Más que buscar un único “medicamento natural” milagroso, el verdadero acompañamiento pasa por una mirada integral. Plantas adaptógenas como la ashwagandha o el ginseng, moduladores estrogénicos suaves como el lúpulo o el trébol rojo, antioxidantes como el resveratrol... todo puede formar parte de tu camino, si se selecciona con criterio y se adapta a tus necesidades reales.
Mi propuesta es que no te conformes con un enfoque genérico. Tu cuerpo merece un tratamiento que mire quién eres, cómo te sientes, qué historia te ha traído hasta aquí. Trabajar sobre la raíz de los desequilibrios —suprarrenales, hígado, microbiota, receptores hormonales— es lo que permite que el proceso sea realmente transformador y seguro.
Si estás considerando la terapia hormonal sustitutiva pero te preocupan sus efectos secundarios, o simplemente sientes que quieres vivir esta etapa de una forma más auténtica y consciente, puedo acompañarte. Mi enfoque se basa en devolver al cuerpo su capacidad de autorregularse, utilizando los recursos que ya tiene, con el apoyo de la nutrición, la fitoterapia personalizada y una mirada global que abraza no solo tus síntomas, sino también tu energía, tu piel, tus emociones y tu historia.
Reserva una consulta personalizada y descubre que la menopausia no es un final, sino una transformación. La menopausia no es un impedimento para tener salud, vitalidad ni plenitud. Con el enfoque adecuado, tu cuerpo puede seguir acompañándote con fuerza, sabiduría y equilibrio en esta nueva etapa.
Bibliografía
1 Comentario
Laura MorSan Junio, 10 del 2024
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